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En 1772 el ingeniero militar Nicolás de Lafora expidió una regulación mediante la cual pretendía estandarizar la edificación de presidios. La llamó “Real Instrucción y plan para la construcción de presidios” (Ibid, 195-196). En ella especificaba que los presidios debían tener una muralla perimetral formada por con un casa muro, que debía medir 1.20 metros de ancho. También establecía que los presidios debían tener dos baluartes en esquinas opuestas, de 4.18 metros de altura. Asimismo indicaba que de ser posible, “los nuevos presidios fueran construidos de piedra” (Ibid, 196-197). Por otra parte, originalmente los presidios no contaban con establos, lo cual es un factor a considerar, debido a que constantemente sufrían de robos de caballos por los apaches. Además, a partir de 1730 cada soldado tenía asignados seis caballos y una mula, por lo que se destinaban muchas horas de su jornada en llevarlos a pastar (Moorhead 1969, 46-47). Por lo tanto, se trataba de un lugar pequeño, en el que cohabitaban los soldados y sus familias. Para 1787, los presidios de Buenavista, San Miguel de Horcasitas, Altar y Tucson contaban cada uno con 57 soldados, mientras que los presidios de Terrenate y Fronteras tenían cada uno 85 soldados. Dentro de estas cifras se considera al capitán de cada presidio, que era la máxima autoridad. También se incluye a la oficialidad del presidio, integrada por 13 el teniente, el alférez y el capellán de cada compañía. 13 Tabla elaborada por el comandante general Jacobo de Ugarte y Loyola, donde se muestra la organización dentro de las Provincias Internas y de los presidios en 1787. Arizpe, 15 de diciembre de 1787. AGN. Provincias Internas, volumen 254, folio 111. 45
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