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RESUMEN. A lo largo del siglo XVIII se establecieron varios presidios en Sonora para defender la frontera contra las hostilidades o sublevaciones de diversos grupos indígenas. La máxima autoridad en estas guarniciones de frontera eran los capitanes, quienes tenían amplio poder sobre sus subordinados, los soldados presidiales. Entre las facultades de éstos jefes militares estaba la de abastecer de mercancías a las tropas. Esto generaba que los mismos capitanes cometieran actos perniciosos en contra de los soldados, pues era una práctica generalizada que los capitanes lucraran con el sueldo de sus tropas, ya que al administrar el sueldo o situado de los subalternos acostumbraban comprar mercancías a precios bajos, y venderlas a los soldados a precios altos. Existieron varias medidas para intentar frenar éste tipo de situaciones, entre las cuales están la creación de reglamentos para presidios. Mediante éstas ordenanzas se modificaron los sistemas de abastecimiento a las compañías presidiales. Aun así, persistieron algunas prácticas antiguas de lucro a expensas de los soldados. Este tipo de situaciones parece haber prevalecido, debido a las estrategias mediante las cuales se ejercía el poder en los presidios. En este sentido, la autoridad de los capitanes se adquiría, ejercía y fortalecía mediante dos categorías: las redes sociales y la concepción patrimonialista del poder. De igual forma, estas dos categorías también influían en el comercio dentro de los presidios. Las redes sociales a su vez se dividían en redes familiares y redes de paisanaje. Por una parte, la fuerza de las redes familiares es evidente si se considera que gran parte de los capitanes de los presidios de Sonora estaban unidos entre sí por lazos de parentesco. En este 8

