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Como ya observamos, en su mayor parte la guerra se sostenía con el patrocinio de particulares. En el mes de agosto de 1886, en Baviácora, se reportó el armamento de 65 30 nacionales gracias al C. Pedro Moreno. Al financiar bastimento y refacción de los hombres de la guardia nacional los particulares actuantes cuidaban sus intereses entre los recursos contenidos en el espacio. Dichos avíos empezaron a disminuir ante el fracaso continuo de las persecuciones sobre los apaches, y al aumentar la cantidad de ocasiones en que éstos incursionaban sobre los asentamientos sonorenses para hacerse de recursos. A la par, los guerreros atapascanos aumentaron sus ataques para a su vez sostener la guerra, tanto contra sonorenses como contra los colonos anglosajones. De este modo se erosionaron las finanzas de los particulares como las manos que sostenían las armas en contra de los apaches. Lo anterior desembocó en una crisis de los recursos a los que los vecinos podían acceder, como lo demuestran los espectaculares incrementos en los precios de los bienes de campo. Por ejemplo, mientras que en la década de 1835 una vaca tenía un valor de 2.5 pesos, los caballos de 10 y las mulas de 12, para la década de 1870 las vacas marcadas alcanzaban un precio de 10, mientras que los caballos 30 y las mulas 50 pesos (Informe general 1872, 16). La desventaja estratégica de la persecución, así como la escasez y disparidad de armas obligaron a los vecinos a hacer partidas cada vez más grandes para perseguir a los apaches, a fin de equilibrar fuerzas y dar la pelea, como lo ilustra el reporte de la prefectura de Moctezuma en el año de 1882, donde se describe cómo 160 nacionales de los pueblos de Bavispe y Bacerac persiguieron a un grupo de apaches hasta el vecino estado de Chihuahua, causando 73 bajas entre los apaches y capturando 23 mujeres. Cabe destacar 30 AGES/FE/Ramo indígenas–apaches/T12/Exp 3/f.8632/Arizpe 8 de agosto de 1886. 72

