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se convirtiera en un actor que asemejaba mucho a los señores feudales europeos del antiguo régimen (Chevalier 1959, 2). Aquí encontramos lo que parece ser una particularidad para el caso de la frontera sonorense, pues la mayor parte de la tierra estaba calificada bajo la categoría de la pequeña propiedad (61 por ciento), mediana propiedad (16 por ciento) y micro propiedad (14 por ciento), mientras que la gran propiedad alcanzaba 10 por ciento de la superficie del estado para 1860. Posiblemente esto permitió el avance de los proyectos de colonización en aquel periodo como los encabezados por Charles de Pindray así como de Raousset-Boulbon, fallidos en la década de 1850 por los intereses filibusteros de sus líderes (Jerónimo 1991, 174). Como antecedente podemos resaltar que desde el año de 1855 el diputado por Sonora, Mariano Paredes (en contraposición del gobernador José de Aguilar), señalaba que la simple práctica de la persecución de los apaches no lograría modificar el rumbo violento que el norte del estado había tomado por el incremento de las incursiones. Paredes en aquel momento expuso: Si queremos obtener resultados no debemos gastar el tiempo ni el dinero en campañas inútiles y ruinosas. Debemos apresurarnos a resguardar la línea extraordinariamente amagada no solo por los barbaros sino por el avaro vecino que quizás lo impulsa, es preciso no gastar el tiempo no el escaso dinero en proyectos inútiles lo repetiré, el Estado de Sonora necesita medidas extraordinarias porque extraordinaria es su situación, el único medio es dar sin pérdida de tiempo una buena ley de colonización, ley que en si lleve la fuerza de una ejecución, con garantías, franquicias, concesiones y promesas que animen, no solo a los 78
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