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Formar parte del bando realista permitió a los oficiales de las fuerzas presidiales de

                  la frontera incorporarse a la  vida política activa de la  nación, como fue el caso de


                  integrantes de las familias Urrea, García Conde, Elías González y Zúñiga. Durante la

                  contrainsurgencia, el fortalecer relaciones dentro del ejército, les posibilitó a Mariano y


                  José Cosme obtener el mando militar y político de regiones a las que no tendrían acceso

                  (Medina 2011, 176, 208, 216), porque era común que la trayectoria de los presidiales se


                  desarrollara en el lugar de procedencia.

                         En abril de 1826, Urrea causó baja del Regimiento de Colotlán y es adscrito al 10º

                  regimiento bajo las órdenes del general Miguel Barragán, gobernador de Veracruz y al


                  igual que la mayoría de los integrantes de su legislatura, era de afiliación escocesa (Almada

                  1983, 707; Blázquez 1990, 22). A inicios de  1827, cuando Guerrero derrotó a los


                  pronunciados de Tulancingo, a Mariano Urrea se le condenó  al destierro junto con los

                  líderes del movimiento. Por su parte José Urrea, aunque no fue expatriado, quedó fuera del


                  servicio, al cual se reincorporó en 1829 -tras la amnistía que otorgó la presidencia a los

                  pronunciados del plan de Montaño- para combatir la invasión española así, durante las


                  acciones de Tampico, se encontraba bajo las órdenes de Barragán y Santa Anna; ese año

                  por haber secundado el Plan de Jalapa, recibió un cargo en la comandancia general de


                  Durango, donde obtuvo su grado de teniente coronel el 12 de marzo de 1831 y al poco

                  tiempo su patente de retiro del ejército (Almada 1983, 707; Herring 1995 24, 40).

                         Para 1832, Urrea encabezó un pronunciamiento en la ciudad de Durango, en donde


                  los grupos políticos imponían autoridades que legitimaban a través de decretos; en cada

                  conspiración, para obtener resultados favorables, los caudillos movilizaban a una población


                  que tenía el firme propósito de no caer en la anarquía. Los partidos eran los “Cuchas” u





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