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47 derivado del trabajo o capital invertido. 116 Empero, a nivel comunitario, los pueblos indios, especialmente ópatas, pimas, mayos y yaquis, representaban una fuerza política y militar importante por lo numeroso de su raza 117 . Estos grupos étnicos proporcionaban la fuerza de trabajo necesaria para el funcionamiento de algunas actividades económicas como la minería, la agricultura y la ganadería, principalmente. Fue a través de este contacto con la población no indígena, que fueron asimilando algunas de sus costumbres y aprendiendo el castellano. Al indígena se le catalogaba como gentil cuando no se había convertido al catolicismo a través del bautizmo, y adoptado la instrucción religiosa que los misioneros jesuitas y franciscanos le enseñaron 118 . De igual modo se consideraban como indígenas hostiles aquellos no sometidos que constantemente incomodaban a los otros pobladores, como lo fueron integrantes de la tribu seri y principalmente los apaches. Los yaquis y mayos, pese a que la mayor parte del tiempo vivían de forma pacífica, fueron protagonistas de algunas 116 Ignacio Almada y José Marcos Medina Bustos. Historia panorámica del Congreso del Estado de Sonora, 1825-2000. (Hermosillo: Cal y Arena, 2001), 179. 117 Las tribus yaquis mantuvieron un alto grado de autonomía sobre su territorio, por su parte, los indígenas ópatas, mayos y pimas sufrieron la pérdida de éste a través de los decretos de 1828, sin embargo, los grupos indígenas que mantuvieron la representación de su gobierno en las tierras comunales, también contaban con capitanes generales y tenientes de una fuerza militar propia para su resguardo, en Medina, “La representación política de antiguo régimen…”, 364. 118 En 1767 los jesuitas fueron expulsados de México como parte de las medidas decretadas en las reformas borbónicas; y los padres franciscanos se ocuparon de la instrucción religiosa en los pueblos de misión, habitados por indígenas en su mayoría; en Medina, “La representación política de antiguo régimen…”, 83. Según Montané, la ausencia casi total de religiosos permitió la secularización de las misiones, que “fueron pasando a manos de españoles, indios y mestizos”, en Julio César Montané Martí, “Agua y agricultura en la Sonora Colonial” en memoria del XII Simposio de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C. (Hermosillo: Color Express Sonora, 2004), 105, En 1828 el gobierno de la república ordenó la expulsión de los españoles del territorio nacional, entre los que se encontraban 15 de los 18 misioneros franciscanos que había en el estado, Sergio Ortega Noriega considera que “era clara la tendencia de esta política y hacia la destrucción de comunidades y aceleró la desintegración de las mismas, especialmente en la pimería baja”; en Ortega, Un ensayo de Historia Regional…”,138.

