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Los problemas sociales no vienen dados de forma objetiva ni constituyen hechos objetivos. Después de todo, muchas situaciones que podrían considerarse como problema social, nunca llegan a plantearlo, aunque pueden ser no menos conflictivas que otras en las que eso sucede. Es más: un problema social no genera inevitablemente un movimiento social. Los analistas de los movimientos sociales son cada vez más conscientes de que los individuos actúan en una realidad que es objeto de percepciones diferentes. Este tipo tienen validez no sólo en el caso de las reivindicaciones sino también en relación con los recursos oportunidades políticas y resultados de la acción colectiva. Se mezclan los niveles de análisis; los procesos individuales y colectivos no siempre se diferencian con nitidez, por lo cual la etiqueta <> no es más que un 13 simple paraguas bajo el que se cobijan todas esas teorías . Así, la expresión “Nuevos Movimientos Sociales” (NMS) comienza a usarse para designar determinadas formas de acción colectiva que proliferan a partir de la segunda mitad de los años sesenta y son difíciles de explicar desde los modelos prevalecientes en este campo. Lo segundo es consecuencia de que son protagonizadas por una variedad de individuos y grupos a los que no es posible situar en posiciones estructurales 14 homogéneas . Esa característica de los nuevos movimientos sociales ha planteado serios problemas a los modelos mas difundidos hasta entonces, que fundaban su aproximación en 13 KLANDERMANS, B. LARAÑA y GUSFIELD. 2001. Los nuevos movimientos Sociales. De la ideología a la identidad. Ed. Academia. Centro de Investigaciones Sociológicas. Madrid. Pág.183-185 14 JOHNSTON, H., LARAÑA y GUSFIELD. 1999. Identidades, ideologías y vida cotidiana en los nuevos movimientos sociales. EN: Enrique Laraña y J. Gusfield, Los nuevos movimientos sociales: de la ideología a la identidad. Madrid: Editorial Madrid CIS.
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