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Curiel, el asentista le daba una llave del granero a su representante en el presidio, y el capitán o la tropa nombraban a algún soldado para que tuviera la otra llave (Ibid, 642). De esta manera, se presume que cualquiera de los dos individuos a cargo, o quien los haya comisionado estaban en posibilidad de robar el alimento que posteriormente sería cobrado a toda la tropa. Por otra parte, si después de los descuentos y deducciones que se le hacían al soldado, existía saldo a su favor, se le presionaba para que lo gastara en alguna mercancía de la tienda del presidio, pues en caso contrario se le negaba la venta de cualquier efecto durante el resto del año (Ibid, 641-643). De esta manera se puede observar que el abastecimiento de los presidios en Sonora a manos de los asentistas no representaba una gran diferencia en cuanto al bienestar de la tropa, pues se seguía efectuando de manera impositiva, con riesgos y altos costos para la tropa. También parece haber continuado la tendencia monopólica, al limitarse el tiempo y la forma en que los soldados podían realizar sus compras. Por otro lado, retomando la categoría de las redes sociales, se infiere que persistía la influencia del grupo vasco en el ámbito militar, pues para 1785 por lo menos la mitad de los presidios en Sonora estaban bajo las órdenes de capitanes vascos y en 1787 cuatro de los seis capitanes de presidio en dicha provincia parecen haber pertenecido a ese grupo. A continuación se presenta un esbozo breve sobre los antecedentes de cada uno de los capitanes a cargo de los seis presidios en Sonora durante el período de 1785 a 1787. 157

