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frontera tuvieran un mejor desempeño en esta tarea, que aquel que habían tenido los oficiales habilitados. Sin embargo, no sucedió así (Ibid, 214-215). De cualquier forma, es necesario explicar que ante el escenario de las reformas económicas establecidas por los Borbones se implementó el libre comercio entre 1765 y 1789, disposición económica que repercutió en el Noroeste de la Nueva España. Los principales cambios consistieron en “la habilitación de diversos puertos para el comercio ultramarino” así como “la ampliación de los permisos de comercio entre la metrópoli y las colonias, y de las colonias entre sí”. En consecuencia disminuyó el costo de los fletes y también se redujo “el tiempo necesario para cerrar un ciclo comercial”. Esto hizo que aumentara el volumen de tráfico mercantil y “la recaudación por concepto de alcabalas” (Ortega 1993, 108). Según Sergio Ortega el libre comercio trajo algunas ventajas para los comerciantes del Noroeste de la Nueva España, pues señala que “si en periodos anteriores […] actuaban como parte de la vasta red comercial de los almaceneros de México, […] casi como en calidad de agentes de los poderosos monopolistas, ahora podían ejercer el comercio por cuenta propia y retener para sí las ganancias que antes canalizaban hacía México” (Ibid, 109). Sin embargo, este no parece haber sido el caso en torno al abastecimiento de los presidios de Sonora durante la década de los ochentas, pues se advierte que persistía un fuerte lazo entre el sector regional conformado por el grupo de capitanes de presidio y comerciantes locales, y el sector capitalino compuesto por comerciantes mayoristas de la Ciudad de México. Para explicar más detalladamente esta situación se presentan los casos de los comerciantes regionales que tuvieron a su cargo el abastecimiento de las tropas presidiales sonorenses durante ese tiempo. 152
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