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colonos españoles. De esta forma evitarían ser repartidos en encomiendas, como había sucedido en otras regiones conquistadas (Borrero 2000, 36-37). Sin embargo, existía el riesgo permanente de que estos grupos se sublevaran. Este tipo de alzamientos ocurrían ocasionalmente, no solo en Sonora, sino también en las provincias vecinas. Como un antecedente se puede hacer alusión a la sublevación de los indios pueblo de Nuevo México en 1680 (Navarro 1992, 67). En el caso de Sonora hubo un alzamiento por parte de los pimas en 1688, por citar dos ejemplos (Navarro 1964, 36). Ante esta situación se hacía indispensable la presencia militar en la zona para sofocar eventuales levantamientos. Por tal motivo, en 1690 se fundó en la provincia de Sonora una compañía volante compuesta por cincuenta soldados que fue puesta al mando del ex gobernador de Nuevo México, Domingo de Gironza y Petriz de Cruzat (Navarro 1964, 36; Sheridan 1999, 36). Diez años después esta compañía volante se convirtió en presidio al establecerse como guarnición fija en un lugar llamado Santa Rosa de Corodéhuachi (Ibid. 1999, 36). Posteriormente fueron creadas guarniciones adicionales en Sonora y para 1767 existían seis presidios en dicha provincia, los cuales pueden ser clasificados en dos categorías: los de los límites fronterizos y los del interior. En la primera categoría estaban los siguientes presidios: Santa Rosa de Corodéhuachi, también llamado Fronteras y fundado en 1690; San Felipe de Jesús Real de Guevavi, conocido como 10 Terrenate y fundado en 1742; San Ignacio de Tubac, comúnmente nombrado Tubac y fundado en 1753; y Santa Gertrudis de Altar, también denominado como Altar y establecido entre 1753 y 1757. En la segunda estaban el de San Miguel de Horcasitas, 10 El presidio de Terrenate nunca estuvo ubicado en la misión de Guevavi (Williams 1991, 96). 37

