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de costumbres y rutinas y éstas al mismo tiempo, depositarias y preservadoras del conocimiento, primordialmente del conocimiento tácito, son reproducidas a través del tiempo por las mismas instituciones que actúan como “correas de transmisión” (ibíd., 69). En ese sentido, esta corriente económica institucional admite la idea de que los individuos están “programados” por normas, valores y hábitos incrustados en la cultura, lo que limita y direcciona su percepción, evaluación e interpretación del mundo (Noteboom, 2000). Pero, ¿qué son los hábitos y las reglas?. Los hábitos son entendidos más como 5 disposiciones que como comportamientos . Son repertorios inconscientes de la conducta potencial, que pueden ser provocados o reforzados a partir de un estímulo o contexto apropiado. Es decir, son una propensión para comportarse de cierta forma en una situación particular (Hodgson, 2007). Por su parte, las reglas son pautas condicionales o incondicionales del pensamiento y la conducta que los agentes pueden adoptar consciente o inconscientemente (ibíd., 76); cuando los hábitos se vuelven parte común de un grupo o una cultura social, se vuelven rutinas o costumbres (Commons, 1934 citado en Hodgson, 2007, 69). El hábito y la rutina del enfoque institucional se adecuan a los postulados desarrollados por Nelson y Winter, pues “el institucionalismo es congénitamente una economía evolutiva” (ibíd., 61). Cuando los agentes intentan llevar a cabo ciertas mejoras, los hábitos o las rutinas pueden adaptarse o modificarse, por lo que Veblen señala que el paradigma evolucionista proporciona el fundamento para abarcar tanto los procesos de continuidad como los de cambio, la inercia como la innovación (1899, citado en Hodgson, 2007, 61). 5 Si se adquiere un hábito no necesariamente se pone en práctica todo el tiempo. 13
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