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El tiempo posterior al incendio de la guardería, o el aftermath, puede catalogarse como una

                  crisis,  ya  que  trajo  consigo  un  periodo  de  inestabilidad  política  para  algunos  actores  e


                  instituciones; para otros, el evento simplemente vino a recrudecer dicha inestabilidad.


                  La primera reacción después de la crisis fue de urgencia, ya que la prioridad era brindar


                  atención a los niños heridos, brindar apoyo a los padres y realizar una revisión de todas las

                  guarderías del país para determinar si algunas otras  se encontraban  en condiciones similares.


                  Posteriormente,  la  crisis  se  percibió  como  una  amenaza.  El  7  de  junio,  el  periódico  El

                  Imparcial, publicó una encuesta realizada a padres usuarios de guarderías subrogadas del


                  IMSS, donde la mayoría de los padres encuestados no se sentían seguros al dejar a sus niños

                  en  las  guarderías,  pues  temían  por  su  seguridad.  El  54%  de  los  padres  encuestados

                  argumentaba que el incendio podía haberse prevenido. Alejandra Flores (2014) argumenta


                  que  debido  a  la  tragedia  emergió  entre  la  población  hermosillense  un  sentido  de

                  “vulnerabilidad”, pues se hizo evidente la mala administración del Estado respecto a los


                  servicios de subrogación de las guarderías. Después, vino la incertidumbre en todas las áreas

                  de la crisis: en cuanto a las causas, la versión oficial no era del todo convincente; en cuanto


                  a la respuesta,   no se advertían compensaciones claras para las víctimas, ni por parte  del

                  IMSS ni por parte del Gobierno del Estado. Tampoco se tenía clara la forma en cómo se

                  imputarían las responsabilidades.



                  La crisis tuvo dos elementos constitutivos que difieren de otras catástrofes. En primer lugar,

                  la  atribución  de  responsabilidades  no  sólo  cayó  sobre  el  gobierno  local  en  turno,


                  perteneciente  al  Partido  Revolucionario  Institucional  (PRI),  sino  que  también  se  vieron

                  involucrados actores institucionales del Gobierno Federal perteneciente al Partido Acción







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