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Este patrón semilento y con difusión sobre todo en el área central del departamento,
indica que no tuvo un respaldo institucional y que su desarrollo se apoyó en los contactos
personales de Gándara, pues prendió en su zona de influencia. Otro elemento a destacar es
que sólo fue apoyado en dos ciudades: Ures y Hermosillo, y que sobresalió la adhesión de
poblados indígenas ópatas-eudeves, como lo eran la villa de Rayón y los pueblos de
Cucurpe, Opodepe, San Antonio de la Huerta, San José de Mátape, Tuape y Tónichi
(Yetman 2010, 51).
d). Juntas de rechazo al pronunciamiento federalista y por el cese a la guerra civil
A medida que la violencia de la guerra civil entre urreistas y gandaristas se intensificó, en
las poblaciones se realizaron reuniones para discutir sobre la conveniencia de retractarse,
por haber secundado el plan federal.
Esta nueva oleada de reuniones, empezaron en Ures el 20 de agosto de 1838. De ahí
se expandió hacia el norte y hacia el sur. En el primer caso resalta la rápida difusión de este
proceso en Arizpe y los presidios como Bacoachi, Tucson, Tubac y Fronteras, así como
poblaciones importantes como la Villa de Moctezuma. Hacia el sur sobresalen las ciudades
de Hermosillo y Álamos. Cabe mencionar que muchas de estas reuniones, sobre todo en las
principales poblaciones, se realizaron bajo la presión de las tropas gandaristas. A ritmos
sumamente rápidos, a veces simultáneos, las principales poblaciones se manifestaron por
acabar con la guerra civil, lo que indica que finalmente las elites asumieron que el
pronunciamiento federalista no tendría éxito, como se observa en el cuadro 10.
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