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también, el 4° y el 5º del día 26 nombró “Supremo protector de sus libertades a su
esclarecido hijo, el general José Urrea”, quien recibió la facultad de acordar con Alta
California, Chihuahua, Durango y Sinaloa, estrategias para repeler a los “bárbaros” e
integrar una coalición con los departamentos que adoptaran el plan y apoyarse en caso de
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ser atacados por el gobierno central. De tal manera, que echando mano de los recursos de
la aduana marítima y el suministro que recibió de comerciantes de Hermosillo, Guaymas y
Álamos, Urrea salió el día 23 marzo de Arizpe con su tropa “columna federal”, dejando a
Leonardo Escalante y Manuel Escalante Arvizu al mando del territorio (Torres 2011, 78-
113).
Urrea estaba convencido de que el general Mariano Paredes Arrillaga, comandante
de Jalisco, le brindaría su apoyo, pero este depuso las armas por el conflicto con los
franceses y fue comisionado para reducir al orden a los pronunciados en los puertos del
pacífico noroeste: el 2 de febrero controló una sublevación en Tepic y el 17 de abril sitió la
plaza del puerto de Mazatlán, defendida por el coronel José María de la Cueva y el teniente
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José Enrique de la Peña. Allí, Paredes Arrillaga exhibió un ejemplar del ultimátum que el
gobierno francés entregó al gobierno mexicano el día 26 de febrero y ofreció la amnistía a
quienes bajaran las armas. Esto dio lugar a deserciones en su tropa pero Urrea no aceptó y
Paredes lo derrotó en Mazatlán el 6 de mayo (ibíd. 89-90).
123 Gobierno Supremo del Estado Libre de Sonora: Decreto Núm.2, Arizpe, 21 de marzo de 1838; Decreto Núm.3,
Arizpe, 23 de marzo de 1838; en AGPJES, RC, t.4; y Decreto No. 5; en Tesorería General del Estado de Sonora; en
AGES FE, Año 1837-1838, t.66, exp.10, doc.041470, Arizpe, 9 de abril de 1838.
124 Carta de José Enrique de la Peña; en AGN, AVGF, rollo 118, exp.487. Guadalajara, 11 de junio 11 de 1838.
El 27 de mayo De la Peña fue recluido a prisión en Culiacán, dónde lo mantuvieron incomunicado, allí aseguró que podría
soportar la desnudez, penurias y miserias, la falta de amistades e incluso no estar junto a su familia, pero no la ingratitud y
las calumnias que le atribuían la pérdida de Mazatlán porque no faltó a sus principios, ni “a el amigo idolatrado, el
desgraciadísimo Urrea”, y deseaba el triunfo de su causa porque era la de la libertad; en Carta de José Enrique de la
Peña; en AGN, AVGF, rollo 118, exp.487. Guadalajara, 11 de junio 11 de 1838.
En el Lucero Sinaloense se le acusó de haber entregado la plaza “por la miserable suma de dos mil pesos y un caballo
como regalo del general Paredes”, en DGRM t.XI. núm.1172. Domingo 15 de julio de 1838; en HNDM.
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