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hombre se eleva hacia Dios. De la misma manera, el elemento esférico y celeste de la cúpula y de la bóveda se refleja en el plano central, en el semicírculo del ábside, cuyo espacio se vuelve el más celeste en la tierra, el que corresponde al santo de los santos del templo en Jerusalén, al paraíso y a la iglesia triunfante. 306 El templo es también considerado un modelo del universo a baja escala. Es decir, representa una “imagen estructural que reproduce la estructura íntima y matemática del universo”, y en ello se resume la virtud de su belleza “pues la belleza de sus formas es el Filebo, que es lo rectilíneo y circular, hecho por medio del compás, el cordón y la escuadra… y estás formas no son como las demás, bellas en determinada condición, sino que son siempre bellas en si mismas”. 307 Por otra parte, a la campana se le confiere un significado sagrado auténticamente religioso, en virtud que se le imparte igual que a las personas el sacramento del bautizo, con el objeto de incorporarla a la consagración de la iglesia y a la esfera sagrada a semejanza de un neófito. El rito comprende una purificación. Por el agua exorcizada y bendita, por el incienso, que se hace arder bajo la campana, una unción con aceite, la imposición de un nombre y por último la ropa blanca. Esto sobrepasa el carácter utilitario de la campana para llamar a los fieles. El ruido o sonido que se hace, sirve para indicar la presencia de lo sagrado, además de desempeñar el papel del exorcismo en contra de las influencias demoníacas, por lo tanto, el bronce de nuestras campanas se le atribuía una virtud purificadora o de exorcismo. Se explica aquí, el por qué se graban fórmulas de conjuros contra el rayo, la tormenta o invocaciones como el Ave María o Rex Gloriae, veni cum pace. Aquí la idea y la creencia es que las ondas sonoras que la campana produce irradia la fórmula que llena, purifica y sacraliza el aire y el espacio por la virtud del texto sagrado. 308 . Bajo este esquema representativo del arte sagrado, los misioneros se preocuparon por mantener en el reino del señor los adornos necesarios y más simbólicos de la esfera 306 Ibíd., 29. 307 Ibíd., 25 308 Ibíd., 65- 66.
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