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En una entrevista realizada a Enrique Martínez Preciado comentó qué en periódico El Imparcial en la columna de “Mirón y Cía”, había leído comentarios como los de Rolando Castelo, y que además los agricultores de Pesqueira estaban en desacuerdo, pero que no le tomó importancia debido a que él consideraba que ahí estaban los agricultores más “chipocludos” como los llama él, por lo que creía no tendría ningún problema al respecto. “Ya me lo habían advertido, me había dicho, ten cuidado que hay alguien allí que anda enojado, aquél agricultor súper grande, que no se que, bueno pues no pasa nada, ¿no?, y, ¡bolas!, aparentemente no por ellos, sino, algo social, algo, un miedo, yo si sentí que había un miedo real de la gente, o sea, eh, no sé si alguien lo infló, le echó aire, o algo, pero si había gente que efectivamente tú la veías convencida de que lo que íbamos a hacer les iba a afectar a ellos, y nos falló creo un poco la implementación, si, si, si hubo algo de eso a lo mejor si hubiéramos hecho un poco mas de contacto, pero también a 83 lo mejor ahorita no estuviera hecho el acueducto”. Es justamente aquí cuando comienza el conflicto, cuando el exceso de confianza, la legalidad supuesta de todos los trámites y gestiones necesarias para la construcción del acueducto y deseo de cumplir con su función de director de Aguahh y proveer a la ciudad el abasto de agua que requería, lo llevó a “ciegas” a cometer un grave error en su ejecución, ya que no tomó en cuenta a las personas aledañas al lugar por considerarlo innecesario, activando con ello la bomba que no tardó mucho en explotar. “Jamás, jamás, jamás, jamás, no, no, no, no, nunca me imaginé lo que iba a suceder, yo creo que ese si es un gran error y un gran aprendizaje, que nos dejo las Malvinas, definitivamente 83 Enrique Martínez Preciado, (Marzo 2007) Entrevista .

