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méritos acreditados, no necesariamente estaba a la altura de la situación. Por otra parte, se puede suponer que Ignacio Miguel se apoyó en su red familiar para conseguir el cargo de teniente y de oficial habilitado, y al parecer utilizó el mismo medio para salir de este problema. Este argumento se puede sustentar con el hecho de que después del arresto del teniente Urrea, el gobernador Crespo parece haber sido indulgente, pues escribió al virrey Bucareli un oficio señalando lo siguiente: la ignorancia de Ignacio Miguel, y “sus buenos servicios, así como los de su padre el capitán Don Bernardo de Urrea, me obligan a suplicar a vuestra excelencia le conceda la gracia posible a un delito que cometió en mi concepto, sin saber lo que se hacía”. 167 Aun así, el virrey consideró infundado el motivo por el cual había desertado el teniente Urrea y ordenó que permaneciera arrestado bajo la custodia de su padre. También ordenó al gobernador Crespo que diera aviso al inspector de presidios Hugo O’Conor para que él determinara lo conveniente en este caso. 168 De cualquier forma, es difícil imaginar a Ignacio Miguel arrestado bajo la custodia de su padre, dentro del presidio en el cual había crecido y que consideraba su hogar, por lo que se puede suponer que en teoría se trataba de un arresto, pero en la práctica es probable que haya sido más bien un castigo paternalista ejecutado en la forma de una suspensión temporal. Aunque se desconoce la resolución de este conflicto, se puede suponer que el arresto de Ignacio Miguel no fue prolongado, porque para 1777 era teniente en el presidio de Tucson. Ese mismo año persiguió a setenta seris que habían atacado a una recua del real de la Cieneguilla. Los derrotó y les causó siete bajas, por lo cual fue promovido a capitán 167 Ibid. 168 Correspondencia entre el virrey Bucareli y Antonio Crespo. Ciudad de México, 21 de agosto de 1776. AGN. Provincias Internas vol. 96, fol. 334. 149

