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de Bustamante fue transferido al presidio de El Paso. Según Luis Navarro García, una de las razones por las que se implementó esta medida fue para “resolver las dimensiones entre los capitanes y el gobernador de Sonora”. De cualquier forma, el poder de los vascos en Sonora resurgiría a principios de la década de los cincuenta, al tomar el mando del presidio de Terrenate el capitán José Díaz del Carpio (Navarro 1964, 112), y al ocupar el mismo cargo en Fronteras el capitán Gabriel Antonio de Vildósola (Hausberger 2007, 757). En relación a las pugnas descritas anteriormente, la Dra. María del Valle Borrero Silva explica que durante el siglo XVIII, “en la provincia de Sonora se conformaron dos grupos antagónicos: los vascos y los no vascos” (Borrero 2007, 245). Según Bernd Hausberger, tratándose de los presidios se observa la rivalidad entre ambos grupos en torno al intercambio comercial. Esto se puede atribuir a que gran parte de las compras que realizaban los capitanes de Sonora para la habilitación de sus compañías, las hacían a través de los comerciantes mayoristas capitalinos pertenecientes al consulado de México (Hausberger 2007, 755). Estando avanzada la década de los sesentas, del total de seis presidios en Sonora, tres eran abastecidos por un comerciante vasco, y los otros tres por un comerciante montañés. En este sentido, se advierte que los almaceneros miembros del partido vasco solían preferir a sus paisanos, pues negociaban con capitanes de origen vasco. Sin embargo, con los miembros del otro partido del consulado se daba una situación diferente, pues ante la aparente ausencia de capitanes montañeses en Sonora durante esta década, los miembros del partido montañés parecen haber optado por hacer tratos comerciales con los demás capitanes. 92

