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64 español puro (Moorhead 1969, 40), José Luis Mirafuentes indica que en el caso de los capitanes “se trataba de empresarios florecientes, criollos y peninsulares por lo regular ligados a la minería, la ganadería y el comercio” (Mirafuentes 1986, 69). Se puede suponer que aquellos peninsulares que llegaron a ser capitanes de presidio no emigraron a la frontera novohispana por mera casualidad y tampoco vinieron a aventurarse a lo desconocido. Como se mencionó anteriormente, en algunos casos podría haberse tratado de sujetos que tenían la aspiración de ascender social y económicamente. Según David A. Brading los peninsulares recién llegados a la Nueva España tenían dos opciones para alcanzar sus metas: “el comercio y el matrimonio” (Brading 1975, 156). Este punto parece ser ratificado por Carmen Castañeda, quien asevera que “el matrimonio era uno de los principales vehículos de movilidad social” (Castañeda 1998, 170). Este tipo de emigrante solía ser recibido en el nuevo mundo, por algún familiar (Usunáriz 1992, 33). No obstante, cuando el pariente en América era comerciante, el recién llegado pasaba los primeros años en el negocio de su protector, como cajero o como aprendiz. Posteriormente se convertía en socio del familiar que lo albergó, o recibía apoyo económico de éste para abrir su propio negocio (Ibid, 28 y 29; Brading 1975, 156; Ruiz de Gordejuela 2011, 58). En otros casos, el familiar novohispano hacía llamar de España a algún sobrino, con un doble propósito: que le ayudara con los negocios, y que se casara con su hija. De esta manera, el pariente recién llegado se forjaba su lugar en la sociedad novohispana, y al fallecer su tío, en algunos casos se convertía en su heredero o se hacía responsable de los 64 Según José Marcos Medina Bustos, la oficialidad de los presidios estaba compuesta por hombres mestizos, y debido a su origen “oscuro”, difícilmente podían llegar a ser capitanes de presidio. Generalmente los capitanes eran peninsulares o criollos (Medina 2008, 193-195). 98
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