Page 104 - ::El Colegio de Sonora :: Repositorio Documental ::
P. 104
Por otra parte, el matrimonio también parece haber sido utilizado como herramienta de ascenso social en los presidios, al igual que en el comercio novohispano. Por un lado, se puede suponer que algunos soldados recién llegados de España se casaban con las hijas criollas de los capitanes, para de esta forma adquirir mayor prestigio, así como ascenso social, y militar. Por otro lado, se advierte que las hijas de los capitanes, como mujeres criollas eran influenciadas por sus madres y padres para elegir maridos peninsulares (Brading 1975, 157). No obstante, los soldados presidiales debían obtener el permiso de su comandante en jefe para poder contraer matrimonio (Garate 1999, 47). Aun así, existen varios ejemplos que demuestran la efectividad de este tipo de matrimonios, no sólo al final del siglo XVIII, sino a lo largo del mismo. Uno de los casos más destacados es el de Juan Bautista de Anza Sasoeta, que se casó con María Rosa Becerra Nieto, la hija de Antonio Becerra Nieto, capitán del presidio de Janos (Garate 1995, 78 y 79). Después llegó a ser capitán del presidio de Fronteras y posteriormente fue nombrado comandante militar de Sonora (Garate 2003, 115 y 200). Sucedió algo similar con Gabriel Antonio de Vildósola, que se casó con Josefa Gregoria Joaquina de Anza, hija de Juan Bautista de Anza Sasoeta, y fue nombrado capitán del presidio de Fronteras en 1754 (Hausberger 2007, 757), varios años después de la muerte de su suegro a manos de los Apaches (Garate 2003, 205). Por su parte, José Antonio de Vildósola siguió el ejemplo de su tío Gabriel Antonio, y se casó con María Rosa Tato y Anza, nieta de Juan Bautista de Anza Sasoeta (Herrera 2006, 205 y 210). Posteriormente José Antonio fue nombrado capitán del presidio de Terrenate (Garate 2003b, 24). Estos casos serán retomados más adelante. 103
   99   100   101   102   103   104   105   106   107   108   109