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En el caso de la forma de transmisión se observa claramente que todavía en la comunidad permanecen las creencias de que las enfermedades provenían de fuerzas divinas y sobrenaturales, ofendidas por las malas conductas y comportamientos. De esta manera se ponía a prueba la fe de los sujetos (Félix 2010:19). En los testimonios recabados, se observa como lo sobrenatural se ha adaptado a estos tiempos y sigue sobreviviendo. Tal y como relata Azul en su testimonio de reclamo a Dios pues no recuerda que haya tenido malas acciones como para recibir el castigo de enfermar de dengue. Me sentía así como dice ahora uno “te entra la depre”, te sientes mal, hasta lloré, dije yo “¿Qué me está pasando?, ¿Qué hice yo para merecer este mal?, ¿Por qué yo?, ¿Por qué a mí?, ¿Por qué no le pegó a mi vecina?, ¿Por qué a mí Dios mío?, ¿Por qué yo? Si me porto bien” (Azul 53, FD). En las entrevistas también se manifestó la creencia de relacionar la forma de transmisión de las enfermedades con una de las primeras explicaciones: la teoría del miasma, introducida por los sanitaristas, que explica que la enfermedad es producto de emanaciones fétidas y gases venenosos que se encuentran ambiente, y entran al cuerpo del sujeto a través del olfato (Urquía 2006:14). Y aunque con el tiempo se demostró que las hipótesis de esta teoría eran erróneas, en la actualidad siguen prevaleciendo en la población creencias de que la enfermedad se respira, siendo el olfato la puerta de entrada al cuerpo del sujeto. Esto fue lo que nos contó Marisela, quien cree que adquirió el dengue a través de respirar las emanaciones fétidas provenientes de los fluidos y desechos corporales de su suegro: Y me tocó batallar a mi suegro, hacerle comida, lavarle la ropa, porque también a mi suegro le pegó diarrea y muchas veces ensuciaba la ropa y yo se la tenía que lavar, y todo eso yo lo aspiré, yo aspiré la aroma pues de la popó, yo digo que a lo mejor de ahí ya empecé yo también con ese problema, porque uno respira, respira hasta la fiebre que le está pegando a aquella persona, el humor del enfermo […] y le dije a mi esposo “ya me pegó la enfermedad tu papá” (Marisela 43, FDH-SSD). 66
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