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subterráneas que se han venido sobreexplotando y la primera solución para este problema fue utilizar pozos de uso agrícola de localidades aledañas a la ciudad mediante la construcción de acueductos. Pineda-Pablos et al., (2012) señalan que en la década de los noventa la disponibilidad de agua comenzó a disminuir y se acercaba a sus límites de la capacidad instalada en el suministro de agua. La ciudad estaba pasando por un momento de sequía y con el aumento de las extracciones agrícolas y el consumo urbano de agua, dieron origen al descenso de los almacenamientos de las presas El Molinito y Abelardo L. Rodríguez. En los años 2004 y 2005, a fin de adquirir nuevas fuentes de suministro de agua, el gobierno municipal comenzó una estrategia de compra de derechos de agua de uso agrícola. Primeramente, en 2004 compró el agua de los pozos conocidos como Las Malvinas ubicados en la región del rio San Miguel. El convenio fue por veinte años y los pozos aportan 250 litros por segundo (Lps) equivalentes a 7.5 Mm³ anuales. Posteriormente, en 2005, concretó con los agricultores de la Costa de Hermosillo la compra de derechos por 20 Mm³ (Pineda-Pablos et al., 2012). Una de las discusiones interesantes que hace en el trabajo de Pineda es el debate que existe en Hermosillo por ser una ciudad de primer mundo, con la posibilidad de atraer inversiones extranjeras y tener un crecimiento económico ante el consumo doméstico de la población; de esta forma explica como: “Al llegar al límite de la disponibilidad de agua proporcionada por la presa Abelardo L. Rodríguez, la del Molinito y por los acuíferos que la rodean, la ciudad de Hermosillo se debate en un doble reto por la urgencia y necesidad de impulsar el crecimiento económico, 27
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