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países ricos podría aliviarlo. Para ellos, ante la ausencia del cambio, las llamadas políticas del desarrollo solo crearían formas nuevas de explotación y 37 dependencia. En su ataque a la nueva subdisciplina, ambas corrientes convergieron en el campo de la industrialización para contradecir la economía del desarrollo. La tesis de Raúl Prebish sobre la desventaja de los países pobres, exportadores de productos primarios e importadores de manufacturas ante los términos de intercambio, constituyó uno de los argumentos para justificar una política sostenida de industrialización, rasgo inevitable del desarrollo. Los representantes estructuralistas latinoamericanos que retoman el pensamiento marxista, ponen en primer plano el análisis de las estructuras sociales, al considerar al capital como una relación social y el estudio de los procesos productivos en sí, como medio para comprender el comportamiento de 38 las variables económicas. Sin embargo, no llevan el marxismo hasta sus últimas consecuencias puesto que los estructuralistas no son anticapitalistas. Otra característica de esta corriente es su preferencia por los modelos de explicación macroeconómica ya que intenta captar la realidad en un sistema, es decir trata de obtener un mapa de los múltiples procesos sociales que admiten expresión cuantitativa. Esa construcción modelística cuantitativa se adiciona con una percepción histórica de los fenómenos sociales. Esta corriente del estructuralismo económico latinoamericano, es de la primera mitad de los años sesenta, tiene como objetivo principal tomar en cuenta 37 Hirchman, Op. Cit., Pág. 1068. 38 Furtado C. Op. Cit. Pág. 81.
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