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En un intento de dirimir las tensiones entre escoceses y yorkinos, los maestros
masones de ambos ritos, Guillermo Gardette, José María y Juan Mateos, Guillermo
Lamont, Luis Luelmo Goyanes, Francisco Ocampo, Cayetano y Carlos Rinaldi, y Mariano
Rodríguez, instalaron en marzo de 1826 la Gran Logia Mexicana, que se definía liberal e
independiente de los extranjeros (Mateos 1884, 39-44). En las elecciones para el congreso
realizadas en agosto, las logias sentaron precedente post electoral (Ávila 2002, 286); por
inmiscuirse de manera violenta, se trató de identificarlas y excluirlas.
El 27 de septiembre, el Senado ordenó se le entregara un informe sobre las logias, el
cual exponía: el Estado de México era sede de Escoceses y Yorkinos; en Jalisco una
escocesa desapareció en 1824 y se registraban dos yorkinas; en San Luis Potosí no había
sede, sólo adeptos; en Veracruz había yorkinos de “bajo influjo”; en Querétaro existían
pero desconocían datos; en Coahuila y Texas se omitía denominación en caso de hallarse;
en Nuevo León sólo agrupaciones filantrópicas; y en Colima, Chiapas, Chihuahua,
Guanajuato, Oaxaca, Puebla, Sonora, Tabasco, Tlaxcala y Zacatecas, no habían. Para
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diciembre, según otro informe, en Nuevo León no se consideraba a las sociedades
masónicas cómo un factor de trastorno institucional, ponían cómo ejemplo favorable de su
coexistencia con las autoridades, a Inglaterra y Estados Unidos, en contraste con España;
por otra parte, las autoridades del Distrito Federal, Coahuila, Estado de Occidente, Puebla,
San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz y otras regiones, abogaban por la extinción de los
ritos porque su rivalidad produciría la anarquía y pérdida de “la independencia y libertad”
nacional.
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55 Información sobre logias masónicas; en AGN, Gob. s/sección, 89, exp.28. México, 28 de noviembre de 1826.
56 “Informe del gobierno general sobre masones”; en El Sol, Año 4. Número 1285. 22 de diciembre de 1826; en HNDM.
En su análisis de los congresos y senados, Sordo categoriza -basándose en las expresiones de la época- a los “moderados”
como quienes accedían a conciliar, a los “tradicionalistas”, y los “liberales” no formaban parte de algún rito (2012, 77).
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