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Del lugar dónde se mantuvo oculto poco se supo, pero el 6 de octubre circuló una

                  protesta porque el gobierno transgredió la capitulación de Tuxpan, lo reaprehendieron el 19


                  de octubre en Zacatecas y trasladaron a Perote.  Ante esto, el 8 de noviembre la junta
                                                                 161
                  departamental de Durango defendió el proceder de José Urrea por considerar que sus


                  acciones no eran motivadas por la codicia. Lo describieron como un personaje que

                  pudiendo vivir en la abundancia como los demás generales, carecía de todo por ser


                  generoso y aseguraban que su supuesto crimen, era compartir la opinión de los pueblos no

                  atendida por un gobierno central, que en 1835 recurrió a pronunciamientos para suplantar el


                  federalismo, por lo que: “[…] cuando su estrella eclipsó en Sonora, le dio una acogida

                  hospitalaria, siendo sus guardianes todos los ciudadanos y su garantía el secreto de mil: tal


                  es la suerte de los hombres universalmente estimados.” 162

                         Señalando que no alteró el orden local, marchó “bendecido” apoyado en su “opinión

                  pública”, qué “la gloria de México” le sería inseparable y, para prueba de ello, su


                  participación en el conflicto tejano, dónde se mostró valeroso y compasivo, que poseía


                  defectos, pero no era apego a desenfrenos cómo otros personajes, que lo calumniaban

                  porque era admirado aún por rivales y exigían se respetara la capitulación (ibíd.).

                  Asimismo, el 24 de diciembre, integrantes del ejército, burócratas y comerciantes, elevan


                  en ciudad de México una representación a la presidencia exigiendo la liberación de

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                  Urrea.


                  161  Urrea se  encontraba enfermo e incomunicado  en prisión, dónde lo acompañaba su esposa (María de Jesús Arana
                  Rentería) en espera del juicio sumario; en “Mariano Macedo a los Excelentísimos Señores Secretarios de la Cámara de
                  Diputados”; en CS, t.IV. núm.51. Miércoles 29 de enero de 1840; en HNDM.
                  162   “Junta departamental de Durango. 8 de noviembre de 1839”; en CS, t.IV. núm.33. Miércoles 27 de noviembre de 1839;
                  en HNDM.
                  Por su parte, Ángel Miramón criticó la pretensión de exiliar a Urrea, y desmintió a quienes lo acusaban del asesinato del
                  general Piedras y otros; en CS, t.IV, núm.34. Sábado 30 de noviembre de 1839; en HNDM.
                  163   El documento fue firmado por los generales Manuel Gómez Pedraza, José Ignacio Basadre, José María Jarero, Joaquín
                  Obregón, Pedro Terreros, José María Sandiez Espinosa, Pedro José Barniza, Luis Pinzón, Manuel María Villada, Antonio
                  Vizcaíno y Manuel Barrera; los coroneles Agustín Amat, Felipe Azcárate, Gerónimo Cardona, Manuel Reyes Veramendi

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