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De Perote, el 6 de abril de 1840 José Urrea escribió a Valentín Gómez Farías y Manuel

                  Gómez Pedraza instándolos a dirimir sus diferencias y continuar la  lucha federal sí se


                  quería reincorporar Texas a la república, ya  que, en caso de no hacerlo, se perdería las

                  Californias, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Nuevo México, Sonora y Tamaulipas. Su


                  percepción era que norteamericanos y texanos tenían afinidad con los pobladores de la Alta

                  California, que “aborrecen a todo mexicano que no es nacido en aquel país, […] con los de


                  Nuevo México, y con los  de las poblaciones del Río Bravo del Norte”.   164  Enfatizó que

                  desde el Plan de Cuernavaca la revolución “continuará pues la causa de ella se encuentra en


                  el corazón de todos los mexicanos” y aunque la mantienen activa Antonio Canales en

                  Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, y José Francisco Gordiano Guzmán en Michoacán y


                  Jalisco, “estos males puede alejarse de la república y nuestra patria puede ocupar un lugar

                  muy distinguido en el globo” (ibíd.).

                         Otros lugares donde se lanzaron planes federales fueron el 23 de enero de 1840 en


                  Casablanca, Texas; en Yucatán, el 12 de febrero, Santiago Imán en Valladolid y José

                  Anastasio Torrens el 18 en Mérida (Jiménez 1987, Libro III, 185-187; Sordo 1993, 365).


                         Urrea fue trasladado al castillo de la antigua Inquisición en la ciudad de México y

                  fraguó desde su celda una conspiración que le permitió ser liberado la madrugada del 15 de


                  julio por el general José María Jarero, ponerse al frente de cuatrocientos hombres y con

                  ayuda del capitán Felipe Briones asegurar al presidente Bustamante en palacio nacional, a


                  quién propuso instaurar el federalismo. Allí se le unieron Manuel Crescencio García Rejón


                  e Ignacio Zúñiga; los comerciantes Manuel Crescencio García Rejón, Anastasio Zerecero, Francisco Fagoaga, Manuel
                  Escandón, Gregorio Mier  y  Terán, entre otros; véase  Representación de  varios ciudadanos al excelentísimo señor
                  Presidente de la República, pidiendo la religiosa observancia de las capitulaciones de Tampico y Tuxpan, y la plena
                  libertad del ciudadano José Urrea. Imprenta de Ignacio Cumplido. Calle de los Rebeldes núm.2. Ciudad de México, 24
                  de diciembre de 1839.
                  164  Acusó la complicidad de norteamericanos y texanos con las tribus bárbaras al proporcionarles armamento, a cambio de
                  “mulada, caballada y ganados”, aprovechando el abandono de los presidios; en José Urrea a Valentín Gómez Farías; en
                  AGN, AVGF, rollo 118, exp.702, Castillo de Perote, 6 de abril de 1840.

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