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a  puntos  elevados  en  el  total,  por  lo  que  es  viable  concluir  que  la  estacionalidad  es

                  consecuencia directa del brote epidémico, salvo el lapso entre junio y agosto, 143  cuando los


                  picos se debieron a distintas causas y a un ligero repunte de los casos de fiebre en agosto de

                  1876.


                         El segundo momento crítico de la serie, aunque en menor magnitud, fue el repunte de

                  las defunciones en 1877, el cual fue resultado de una manifestación epidémica de escarlatina,


                  enfermedad exantemática e infectocontagiosa producida por el estreptococo beta hemolítico

                  del grupo A y transmitida principalmente por las vías respiratorias, de persona a persona al

                  estornudar  o  toser.  Antes  del  descubrimiento  y  aplicación  de  la  penicilina,  era  una


                  enfermedad con alta letalidad, especialmente entre los infantes. En la actualidad la escarlatina

                  tiene una distribución universal, afecta por igual a ambos sexos y predomina en regiones de


                  climas templados, especialmente en las estaciones de primavera y verano. Se caracteriza por

                  un  inicio  brusco,  con  fiebre  (mayor  de  39.5  °C)  que  dura  de  dos  a  cuatro  días,  dolor


                  abdominal  y de  garganta, enrojecimiento e hinchazón de la lengua, vómito  y exantemas

                  (erupciones cutáneas agudas) de color rojo y textura áspera en orejas, pecho y axilas, que


                  posteriormente se extienden al tronco y las extremidades (CENETEC 2010).

                         Poco más de la mitad de las 297 defunciones registradas en 1877 fueron provocadas


                  por factores específicos: fiebre (34%) y escarlatina (17%). Las muertes registradas con la

                  causa “fiebre” encierran un conjunto diverso de enfermedades y se mantuvieron en el rango

                  normal o promedio para la época; los años anteriores, por ejemplo, representaron 44 y 31%





                  143  A partir de junio de 1876 la viruela empezó un proceso de paulatina desaparición. Se registraron 8, 4 y 3
                  casos para los meses de junio, julio y agosto, respectivamente. Luego de tres meses sin casos, en diciembre
                  reapareció para provocar la muerte de un varón de 40 años, que fue la última muerte de este brote epidémico
                  en la ciudad de Álamos. Acerca de este caso, es pertinente señalar que es sumamente atípico, pues como se
                  muestra más adelante, los adultos eran un grupo que permanecía relativamente libre del alcance nocivo de la
                  viruela, especialmente los mestizos o no indígenas.

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