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manera particular. Con respecto a los ornamentos, debemos ser claros que los mencionados, al menos los de las sacristías son los mínimos necesarios requeridos por el misionero para realizar sus funciones de administración espiritual, como lo establecía la patente cuatro relacionada con las instrucciones a seguir en el nuevo método de administración franciscano, “en cada misión haya copón, palio, incensario y demás vasos y ornamentos necesarios para las funciones, haya también molde para hacer las ostias que no usen los misioneros para cerrar cartas, ni otros ministerios que el del altar […]”. 288 Sobre dichas omisiones, es importante comentar que las relaciones entre Fray Antonio Barbastro, quien fungía como presidente de las misiones de la Pimería Alta, y el Obispo de los Reyes, se habían quebrantado, porque Barbastro se negó a integrarse a la recién constituida Custodia de san Carlos, es decir no se doblegó ante el Obispo. Los resentimientos entre uno y otro fueron recíprocos, aunque Barbastro, a pesar de haber llegado el cargo de definidor y custodio, se mantuvo firme en sus convicciones o en sus intereses como bien podría ser. Apreciamos, existieron motivos suficientes para que cada uno hiciera su respectivo trabajo. Hemos de considerar la falta de atención del Obispo a las misiones de la Pimería Alta. Por otra parte, debemos considerar las buenas relaciones que el padre Barbastro debió haber tenido con el gobernador y posteriormente con el intendente, mismos que representaban al Patronato Real en la provincia, que debió de haber recibido apoyos, como mantener la seguridad en las misiones durante la construcción de los templos, que todo parece indicar, fueron las de Sáric, san Ignacio, Oquitoa, Tubutama, mismas que aparecen en el informe de 1784, con población que no eran “hijos de la misión” sino familias de mulatos y otras castas viviendo en ellas. Sobre la misión de Soamca, hemos hecho también una descripción de los acontecimientos que obligaron a su población a emigrar a Cocóspera que de pueblo de visita pasó a ser cabecera de misión. Cocóspera fue uno de los pueblos que en base a la información 288 AFSCQ. Patente 4, legajo 25, letra K, libro de patentes de los prelados de la religión. Firmado por el padre guardián fray Romualdo de Cartagena, en el año de 1772, retomado por el padre guardián fray Diego Jiménez en 1777.
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