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En la figura 5, se muestran los pueblos (con asterisco) que no tenían curas para 1793, como consecuencia del nulo manejo de las temporalidades, muchos de ellos se regresaron quedando desolados los pueblos de los ríos Mayo y Fuerte. En el resto de los poblados los párrocos no recibían sínodo y a duras penas atendían las necesidades espirituales de los pocos habitantes de sus pueblos. La región del río Yaqui era la única que se mantenía relativamente próspera bajo la administración de Francisco Joaquín Valdés. Figura 5. Misiones de las Provincias de Sonora y Sinaloa 97 secularizadas en 1768 Ríos Fuerte y Sinaloa Río Mayo Río Yaqui 1.- Chicorato* Camoa* Bácum 2.- Sinaloa Navojoa Torim 3.- Bamoa Santa Cruz Raum 4.- Guasave Conicari* Belen 5.- Baca Mobas Guiviris 6.- Toro Batacosa* 7.- Tegueco* 8.- Mochicagui* 9.- San Miguel* 10.- Mocorito* 11.- Bacubirito* 12.- Ocoroni 13.- Tamazula Edward H. Spicer, dibuja las misiones yaquis como un caso de excepción comparadas con las misiones de la Pimería Baja y la Opatería, que denotaron un estancamiento y retraso en la administración espiritual como en lo material en sus pueblos, viniendo a menos a partir de que se decreta la desaparición del método antiguo a partir de la expulsión de los jesuitas. La presente cita sugiere la incapacidad de los frailes religiosos para implementar el nuevo sistema administrativo Entre la expulsión de los jesuitas y el término del siglo XVIII, el territorio yaqui ocupó un lugar de excepción entre las zonas misioneras por haber mantenido el nivel de prosperidad económico que lo había caracterizado durante la época de los jesuitas. Los franciscanos no fueron responsables de la continuación del desarrollo económico: fueron apenas tres los que penetraron en el territorio yaqui 97 Ibíd.,

