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indígena había perdido autoridad como el misionero. Por otra parte, la misión de Mátape, sin ser aún secularizada, su misionero cobraba sínodo y cobraba derechos y obvenciones de los pobladores, es decir, funcionaba ya como curato, mientras que el gobierno indio también era controlado por el teniente de alcalde mayor. Posteriormente en 1791, cuando se secularizó, permaneció el misionero por falta de cura doctrinero cobrando sínodo. Lo mismo experimentaba la misión de Bacoachi, anterior pueblo de visita de Arizpe, donde asistía un misionero de la Provincia de Jalisco que cobraba sínodo de 309 pesos y aparte recibía derechos y obvenciones de los españoles y vecinos. 103 Cabe señalar, que Arizpe para 1784 era ya un curato, pero Bacoachi seguía administrán2e por un misionero regular sin secularizarse. El eje del discurso pregonado por el Obispo de los Reyes era la pobreza de las misiones franciscanas y la riqueza de las jesuitas. Aún después de fallecido generó discrepancias entre los altos mandos españoles que representaban al Real Patronato, mismos que agilizaron el proceso de secularización a pesar de las constantes quejas de los misioneros con respecto a la pobreza de los pueblos, porque los indios no trabajaban las tierras del común y religiosamente los misioneros no encontraban la forma de convencer a los indios de que asistieran a misa, ni qué decir de la falta de respeto de la cual eran objeto. Fray José María Espinosa administrador espiritual del pueblo y presidio de San Pedro Buenavista visita de Cumuripa, informaba que el pueblo lo componían 90 familias de indios pimas que serían como 270 almas, más doce familias de vecinos que llaman de razón, que ni eran españoles ni indios pero con las familia de los soldados completarían pocos más de 200 almas, pero la pobreza y el no trabajar, según la percepción de los ministros, no hacia apto al pueblo ni a la misión para que se hiciera curato los indios de este pueblo no siembran de comunidad, no tienen tierras ni agua y están ociosos todo el día, se la pasan jugando patol y palillo con los soldados, andan vagueando de pueblo en pueblo, otros se viven en las cañadas de los montes acarreando mezcal y trabajando en los aguardientes que sacan los vecinos de dicho pueblo, motivo porque ni oyen misa ni vienen a la doctrina y están tan gentiles como al principio, no me ha valido señor un continuo predicar en público y privadamente a los soldados y vecinos para conseguir el valimiento de los justicias indios para evitar los amancebamientos públicos, juegos, embriagueces y ociosidad, porque los señores soldados me desbaratan las aperturas 103 Ibíd., 30.

