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providencias con decir a los indios justicias que no hagan caso del padre, que el padre no tiene que hacer nada con los indios, y sólo ha venido a decirles misa el cual perverso consejo toman los indios para su perdición […] estos vecinos son pobrísimos andan casi desnu2 no son capaces de mantener a su familia, menos a un cura, con que hablando 104 verdad digo que aún no se puede entregar esta misión al ordinario. Los padres misioneros de la Provincia de Jalisco, encontraron varios escollos para sacar de la pobreza a los indios de la Pimería Baja y la Opatería como la nula administración de las temporalidades y la libertad de los indios que no les permitía obligarlos a trabajar, ni acudir a misa, mucho menos castigarlos e impedirles que salieran del lugar en busca de mejores oportunidades; difícilmente con las nuevas instrucciones podían prosperar en el desarrollo material y espiritual. En los pueblos de la Pimería Baja y Opatería existía ya un intercambio de población entre los distintos grupos desde la administración jesuita. El proceso de emigración aceleró la población en pueblos que tenían una mayor actividad económica como los reales de minas y las haciendas, pero los españoles que se establecieron en las misiones y trabajaban las tierras comunales que anteriormente habían sido de los indios representaron fuentes de trabajo para los mismos naturales. Finalmente, fueron los vecinos los que controlaron la actividad productiva y favorecieron la integración económica de las regiones, logrando cohabitar en un mismo pueblo indios y vecinos conformando comunidades de población mixta. Era de esperarse que las cosas no resultaran tan simples, cambiar tan drásticamente la manera de vivir de los indios representaría más que buenas disposiciones por parte de la corona para lograr cobrar los impuestos que requería. Para empezar, se tienen pocas noticias de que los indios hayan tributado directamente a la Corona. Sin embargo, en la región Opata en julio 5, de 1773, en informe del misionero José María Cabrera, franciscano de la Provincia de Jalisco, apuntaba a Fray Antonio Jácome que en la misión y villa de San Javier de Arivechi 104 Archivo de la Catedral de Hermosillo. Informe hecho por José María Espinosa en octubre 29 de 1772 y dirigido al presidente de las misiones fray Juan Crisóstomo Gil de Bernabé. Copias, gobierno eclesiástico mitra de Sonora, caja 1, legajo 5, 1744-1799. En adelante se citará como (ACH).
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