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sin casas, sin campos. No tienen ríos ni arroyos, y sólo beben de algunas charcas y lagunajos. Viven de la caza, pero en la época de la cosecha, obtienen maíz canjeado con otras naciones, sal extraída del mar y pieles de venado. Los que viven más cerca del mar también subsisten de pescado; y se dice que, en ese mismo mar, hay una isla en la que viven otros de la misma nación. Su idioma es sumamente difícil 165 El padre Eusebio Francisco Kino, en 1686, obtiene la autorización y medios para fundar misiones en Sonora. Describen contacto con tribus nativas pero parece haber habido sólo uno con seris en el lugar que denominó “El paraje de las Ollas” donde, él escribe que bebieron agua junto a unos indios de este grupo. Los jesuitas lograron rescatar episodios de contactos con los seris, tales como: El sargento Juan Bautista de Escalante, en 1700, protagoniza uno de los primeros de estos informes: Escalante parte a la misión de Santa Magdalena de Tepoca para protegerla. Al llegar se encuentra con que los seris habían matado a tres personas con flechas. Sigue el rastro a los indios y llega hasta la misión de Nuestra Señora del Pópulo 166 , cuyo rector a esta feche era Adam Gilg, ahí le informan que diez familias conversas desertaron para robar ganado. Escalante los encuentra, los arresta, los azota y los regresa al pueblo. Entre los prisioneros se encontraban dos seris, culpables de la matanza, a quienes “Escalante mandó a ejecutar a todos ellos como escarmiento para los demás, luego de tomarles declaración y confesión de sus delitos” 167 . A partir de entonces se observa una serie de guerras entre seris y blancos. 165 McGee, Idem. p. 96-97 166 Para ampliar información acerca de este episodio seris-colonizadores, ver: Sheridan, Thomas E. Empire of Sand. The seri Indians and the struggle for Spanish Sonora, 1645-1803. 1999; The University of Arizona Press; Tucson. Este autor recopila una serie de documentos originales, donde incluye el diario de Escalante que narra al respecto. 167 McGee, Idem. p. 103 83
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