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Particularmente, se observa que a pesar de los cambios en los sistemas de abastecimiento de mercancías para los presidios, continuaron participando en esta práctica las mismas redes de paisanaje, así como las mismas familias. De igual forma subsistieron los mecanismos empleados para la designación de los cargos, pues aunque a finales del siglo XVIII se presentaron cambios en el sistema para nombrar capitanes de presidio, persistió la influencia de las redes de parentesco y de paisanaje en esta dinámica. Por lo tanto, también parece haber perdurado el ejercicio de poder en los presidios a través del parentesco y paisanaje. El parentesco desempeñó un papel central en los nombramientos de los oficiales y de los capitanes de presidio. Esto es evidente si se considera que al tomar parte los capitanes en el nombramiento de la oficialidad, proponían en las ternas a sus familiares o paisanos. Algunos ejemplos de este tipo de práctica son claramente visibles en los casos de los siguientes oficiales: Juan Felipe Belderrain, Juan Bautista de Anza, José Antonio de Vildósola e Ignacio Urrea. El haber iniciado sus carreras militares con el rango de oficiales puso a estos sujetos en gran ventaja con respecto a los demás soldados, pues en unos cuantos años pudieron aspirar a tener el mando de algún presidio. Por su parte, el paisanaje aparece con una importancia secundaria, con respecto al parentesco, aunque no por eso deja de tener relevancia en torno al ejercicio de poder en los presidios de Sonora. Como se expuso a lo largo de este trabajo, la principal red de paisanaje fue la de los vascos, pues todavía era notoria su presencia a finales del siglo XVIII, al menos en algunos presidios. Por otra parte, aunque en la segunda mitad de esa centuria no se presentan casos de capitanes montañeses, se ve latente la influencia de esta red, pues 194

