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hijos. Con base en los conocimientos previos adquiridos en episodios de enfermedad y atención biomédica pasados, ellas diagnostican, tal y como se muestra en el siguiente caso: No, nadie, yo sola (risas) porque pensé que era una gripa […] No pues yo pensé que era alguna gripa y les daba pastillas y les daba Paracetamol, les daba Penicilina (María 65, FD). También la familia directa, como abuelos, tíos, hermanos, primos interviene en el primer diagnóstico. Aquí el papel de la familia en el diagnóstico y tratamiento juegan un papel muy importante pues es bien sabido que los conocimientos se van pasando de generación en generación. Por ejemplo, Luna comentó que su madre y sus hermanos le advirtieron sobre una posible infección en la faringe: No pues aquí en la casa, pues me dijeron “tienes mucha calentura yo creo que es alguna infección en la garganta o algo así” (Luna 27, FD). Para algunas mujeres casadas, una opinión fundamental en la enfermedad es la del esposo, pues en éste basan la confianza y seguridad para un diagnóstico adecuado. Así lo vivió Marisela cuando su cónyuge le diagnosticó dengue hemorrágico debido a la experiencia vivida que había tenido con su padre, es decir, el suegro de ella: Pues mi esposo fue el que dijo, “y que tengas lo mismo que mi apá”, y como a su papá ya le habían dicho de eso pues que tenía dengue […] Sí, pues ya él me dijo “tienes la misma enfermedad de mi apá”, y como yo me iba con mi suegro y le daba la comida en la boca allá en el hospital (Marisela 43, FDH-SSD). Más allá de la familia directa, algunas veces los amigos o compañeros de trabajo son los que hacen un diagnóstico con base en las experiencias ya vividas con los síntomas del dengue, dando un diagnóstico acertado de la enfermedad. Como Julio, que a través de su testimonio relata la charla con su compañero de trabajo quien le sugirió que podía ser dengue: 84
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