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Abric (2001) se pregunta si las representaciones y prácticas están ligadas indisociablemente y, más aún, si las prácticas sociales determinan las representaciones o viceversa. Su respuesta es que no se pueden disociar la representación, el discurso y la práctica porque forman un todo, por lo que resulta vana la pregunta acerca de si la práctica produce la representación o es a la inversa (ibid:1994). En este caso se ha constatado una aparente disociación entre las representaciones: la limpieza en el hogar y el sentirse “marcado”, y la existencia de pupas y larvas en la vivienda. Una interpretación de esta aparente incongruencia es la existencia de otras creencias asociadas con la etiología y forma de transmisión de la enfermedad. En primer lugar, según lo expuesto, existe entre los sujetos de estudio la creencia de que el mosco se reproduce en el “cochinero”, más que de los depósitos de agua y, como se ha señalado, los Probables Focos de Infección (PFI) son tanques, pilas, tinacos, cisternas, macetas, baños y „Coolers‟, donde pueda almacenarse agua, y no necesariamente donde exista el “cochinero”. En segundo lugar, esta aparente ausencia de prácticas de prevención eficientes, evidenciada en el resultado positivo de la ACL, quizá también podría deberse a la representación de que la enfermedad puede ser transmitida de persona a persona. Sin duda esta representación se relaciona con alguna reminiscencia colectiva de las enfermedades infectocontagiosas de antes o con las aún presentes por repunte, como la tuberculosis y la influenza. Esta „convivencia‟ de tipos de enfermedades, infectocontagiosas y vectoriales por ejemplo, puede generar en el imaginario colectivo una amalgama de creencias respecto a la forma de transmisión del dengue, y ésta a su vez, puede influir en el resultado positivo del ACL. 80

