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8. Los asentamientos Hablar de población en Sonora para el siglo XIX es hablar de los asentamientos que constituían la parte humana del paisaje. Estos asentamientos son el nivel micro de este estudio y el foco principal, puesto que el objetivo es analizar la repoblación y el impacto de la conciencia práctica en la competencia por el espacio, poniendo atención en el sostenimiento de los asentamientos. Éstos se pueden clasificar en tres tipos: ranchos, haciendas y pueblos, diferenciados principalmente por la cantidad de sus habitantes. De este modo, mientras un rancho podía contener una o varias familias enfocadas a una actividad económica relacionada con el campo, los pueblos eran una unidad territorial más amplia donde buena parte de la población sostenía lazos familiares y se mantenía unida para hacer frente a una amenaza externa común. Simultáneamente, se puede observar que los asentamientos eran redes de parentescos extendidos que facilitaban el intercambio de recursos, la defensa y la reproducción cultural mediante lazos interpersonales que llegaban hasta el rito y la fiesta. Abundando un poco en las características de los asentamientos, podemos mencionar que durante el régimen español en América, el patrón de asentamiento dominante era el de tipo romano. Los asentamientos sonorenses debían conformarse según las instrucciones del rey Felipe II con un territorio de cuatro leguas cuadradas en torno a una plaza rectangular y las principales construcciones se debían ubicar alrededor de ella. En lo general el asentamiento estaba dividido por solares; cada uno contenía una o más habitaciones adyacentes a patios amplios. Los solares rodeaban la iglesia y las otras construcciones importantes que circundaban la plaza, aunque los asentamientos nunca cumplieron exactamente todas estas especificaciones (Dunbier 1968, 136-137). 35
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