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Dos ríos en Sonora son cauces de vida y comunicación en la cuenca formada por el río Magdalena y el río Asunción. En la planicie sonorense fueron camino de elección de los europeos en una zona de llanuras interminables, de lomeríos cubiertos por una capa de vegetación espinoza y habitada por una fauna de ponzoña, el agua que estos caminos fluviales contenía a veces superficial humedecía las sedientas gargantas de caballos y de hombres, “pero es un hecho cuando el río después de las fuertes lluvias en el verano puede correr con agua por varias horas, inclusive un día” (Lumholtz 1990, 145). En las serranías del noreste los valles longitudinales drenan el agua mediante las crecidas de las cuencas de los ríos Bavispe, Sonora, Moctezuma, Yaqui y Mayo, arrastrando con el agua sedimentos aluviales, depositándolos en los márgenes de los angostos valles, formando ricos suelos para la explotación agrícola y la minería superficial. En este espacio también podemos encontrar cauces que fluyen temporalmente como los ríos San Pedro, Santa Cruz y Sonoita. Estos lechos de efímero flujo han sido aprovechados por los habitantes del espacio hoy conocido como Sonora desde la época prehispánica. Pero ahora que sabemos que el espacio de interacción otorga los medios dados para la vida social y sabemos que el relieve y la constitución geográfica juegan un papel muy importante en la cantidad de recursos disponibles, ¿cómo pueden los diversos actores de la frontera aprovecharse de los recursos naturales contenidos en este espacio? 30

