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para respetar el tabú del incesto. De carácter nómada, la población apache buscaba con su movilidad recursos codiciados por ser escasos. En una clara división sexual del trabajo, la mujer se encargaba de la recolección de plantas y raíces y el cultivo de algunos productos si la situación lo permitía, así como de la crianza de los hijos. Aun así, en ciertos periodos del año las mujeres se movilizaban junto con los hombres para acceder a más 11 recursos. Esta constante movilidad llevó a los apaches a tener contacto con otras poblaciones nativas del continente americano, quienes eran mayormente sedentarias y trabajaban la agricultura; estas diferencias fundamentaron la interacción que caracteriza la situación de frontera. Como está documentado en la historiografía, agricultores sedentarios y cazadores recolectores nómadas, en diversas áreas del mundo, han creado relaciones complejas de convivencia e interdependencia; por ejemplo, los indios pueblo en Nuevo México y los apaches establecieron un flujo de bienes que complementaba las necesidades de ambos, por medio de un intercambio supra regional. Alrededor de 1450 d.C., las bandas nómadas del norte comerciaban pieles y subproductos de la cacería del búfalo con las comunidades sureñas que daban en intercambio cobijas de algodón y maíz, principalmente (Merrill 2000, 623). Después de la propagación del ganado y en especial del caballo, introducidos por los europeos en el continente americano, estas relaciones de intercambio se modificaron, pues el caballo como recurso pasó a ser codiciado por los indios nómadas por su capacidad proveedora de movilidad, símbolo de estatus y alimento. La dificultad de acceder a estos nuevos bienes provocó luchas constantes que hicieron que las bandas de apaches se desplazaran al suroeste de las grandes planicies, ubicándose cercanos a los márgenes de los 11 Algunas obras de enfoque antropológico sobre los atapascanos son Ball (2003), Tharpp (1997) y Basso (1998). 42

