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la estructura de la población; dicho de otro modo, se confiaba en la reducción demográfica por medio del avance socioeconómico. Por otro lado, México tenía motivos para buscar la fortaleza demográfica dada la experiencia de la guerra de expansión llevada a cabo por Estados Unidos a mediados del siglo anterior, por lo que se creía peligroso el desequilibrio demográfico entre México y el país del norte. El argumento modernista, aducía que el proceso de desarrollo, traducido en el aumento de la proporción de las personas que residen en núcleos urbanos, en el incremento de los niveles educativos y culturales y en las mayores oportunidades de ascenso en la escala social, daría lugar a una reducción 9 automática de los niveles de fecundidad y de la tasa de crecimiento demográfico. Este optimismo sobre las posibilidades de desarrollo económico en México, estaba fundado en los preceptos de la economía del desarrollo, sub-disciplina que planteaba el desarrollo económico como un proceso hacia la modernidad. Efectivamente México se consideraba un país urbanizado hacia los años setenta, sin embargo este proceso no abarcó a todo el conjunto social con lo que mantuvo un sector económico atrasado frente a otros que lograron modernizarse. Esta dualidad fue el producto de una industrialización limitada por el quiebre del modelo sustitutivo de importaciones. Mientras la perspectiva optimista, esperanzada en el modernismo, prevalecía en México, en Estados Unidos se advertía que el enorme crecimiento poblacional de 9 Alba Francisco, “El pensamiento mexicano sobre población y desarrollo 1965-1990”, en Alba Francisco y Gustavo Cabrera (Comp.), Op. Cit. Pág. 324.

