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69 El siguiente año, 1951, fue un año de altibajos. Por un lado resultó de suma importancia que el ex gobernador Rodolfo Calles, quién había permanecido escéptico hasta entonces, por fin dio crédito a los resultados de las semillas de Borlaug, lo que representaba un impulso a los demás agricultores a que pronto optarán por usar sus productos. Además, el Día de Demostración se vuelve más popular año con año, esta ocasión la multitud fue tanta que apenas podía ser controlada. Del lado de la investigación, se descubrió que las nuevas plantas tienen un potencial de rendimiento muchísimo más elevado si se dobla o se triplica la cantidad de nitrógeno que Borlaug había estado recomendando hasta entonces, lo que significaba un aumento en la dosificación de fertilizante de entre 80 y 120 libras, equivalentes a 36 y 54 kg. respectivamente. Al mismo tiempo, este año la investigación recibió un duro golpe, la roya de tallo logró mutar a una nueva raza (15B) mucho más poderosa; tanto que comenzó a mutilar cada planta que había sido liberada hasta entonces, lo cual representaba trece temporadas de arduo trabajo reducidas a nada y un nuevo comienzo en la lucha contra la roya. Aunado a ello, el problema de acame de la planta se 70 agravaba y hasta el momento no se había podido encontrar alguna variedad que contuviera el gen de la característica deseada a obtener: un tallo más corto (en promedio las plantas crecían a la altura del hombro lo que intensificaba el fenómeno del acame) (ibíd., 172). La situación anterior tuvo un giro afortunado en 1952 gracias a Gonjiro Inazuka y 71 Samuel C. Salmon . La variedad de trigo Norin 10 sembrada en las parcelas experimentales de Inazuka en una comunidad al norte de Japón contenían lo que Borlaug 69 Para este año la producción de trigo a nivel nacional pasa de 400,000 ton. a 750,000 ton. 70 Ello a pesar de los ensayos llevados a cabo con algunas provenientes de la Colección Mundial de Trigo de Estados 70 Unidos, o de países como Argentina, Brasil y Chile. 71 “Hoy, sin embargo, ni siquiera los libros de historia conocen los nombres de Gonjiro Inazuka y Samuel C. Salmon” (Vietmeyer, 2009, 183). 96
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