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variedades de Kentana y Yaqui habían probado no solo rápida madurez y resistencia a la roya, además eran capaces de generar 3.138 ton/ha., lo que para el Valle del Yaqui representaba el triple de grano e ingresos económicos. Con todo, Kentana y Yaqui no eran las únicas, asimismo las semillas de Chapingo y Nazas expresaron un potencial de 4 ton/ha. (ibíd., 138). Para el final de 1949, la roya de tallo presentaba signos de fatiga y la lección había sido que para que el material genético expresara todo su potencial rendimiento era necesario nutrir el suelo con nitrógeno. Para la quinta temporada de experimentación en Sonora, en 1950, los agricultores aún permanecían renuentes ante el uso de fertilizante a pesar de que los cinco ensayos con fertilización de suelo en algunos campos dispersos a lo largo del Valle del Yaqui mostraron buena respuesta. Este año el Día de Demostración tuvo una asistencia de 400 agricultores, lo cual representaba el doble de los presentes el año anterior. No obstante los agricultores volvieron a mostrar una actitud de respeto e hicieron preguntas que mostraban un interés, Borlaug comprendió que lo que necesitaban, más que palabras, era ver y juzgar por sí mismos los resultados (ibíd., 153). Es ese mismo año, como consecuencia del agotamiento de espacio en la estación experimental de Chapingo, un colaborador de Borlaug descubrió y le recomendó un campo en venta en la alta zona de Toluca cuyas características encajaban bien con las necesidades de la investigación. Borluag traslada su investigación de Chapingo al nuevo campo experimental y de esa manera, ahora las dos principales estaciones de trabajo eran la ubicada en Toluca a 2,640 metros sobre el nivel del mar y la vieja estación experimental en el Valle del Yaqui en Sonora a solo 39 metros sobre el nivel del mar, las cuáles constituían quizá las estaciones experimentales de trigo de mayor y menor altura, respectivamente, en 93

