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apareciendo de par en par en la vieja estación experimental, posibilitándole una nueva oportunidad de mostrarles sus parcelas de experimentación y explicarles las recomendaciones de cultivo (ibíd). Antes de partir al centro de México para iniciar el nuevo ciclo agrícola, Borlaug había decidido donar las dos toneladas de trigo que obtuvo de sus ensayos a los agricultores locales, sin embargo, nadie mostró interés, ni siquiera aquéllos que eran apegados a él y a 61 su trabajo , pues consideraban contar ya con las mejores semillas (ibíd,123). Debido a la renuencia de los agricultores de usar las nuevas semillas, en el Valle del Yaqui aun predominaba el trigo Barrigón de mala calidad para pan. Sin embargo, a pesar de que 62 Borlaug apenas preparaba su próximo cuarteto de variedades de trigo , las variedades resultado de sus primeras cruzas en 1945, ya superaban cualquier tipo de trigo cultivado en México hasta entonces (ibíd., 129). A pesar del panorama, parecía que poco a poco los agricultores iban abriendo su mente a los beneficios que potencialmente podría brindarles el desarrollo de la investigación agrícola. En abril de 1949, al llegar el segundo Día de Demostración, esta vez sin algún tipo de publicidad, la asistencia al evento ascendió a casi 200 agricultores en total, cuyo comportamiento mostró incluso signos de mayor interés. Fue en esta ocasión cuando el “el gringo” les hizo saber a los agricultores un reciente descubrimiento: la tierra estaba mal nutrida, lo que significaba que ni la roya ni los genes constituían la limitante al 61 Aureliano Campoy y Rafael Fierros fueron dos de los agricultores que seguían de cerca el trabajo de Borlaug en la vieja estación experimental y sostenían lazos de amistad con él. El primero de ellos, fue un agricultor que aunque no colaboró directamente en el desarrollo de la investigación agrícola apoyó a Borlaug desde sus primeros trabajos en la vieja estación experimental, que quedaba justo atravesando la calle de su casa, prestando voluntariamente su maquinaria agrícola cada que era necesario, pues hay que tener en cuenta que cuando “el gringo” arribó a las tierras del Valle del Yaqui lo hizo sin el consentimiento de la institución que soportaba su trabajo, la Rockefeller, pues oficialmente tenía prohibido en ese entonces, trabajar en otro lugar que no fuera el centro de México: “El curioso vecino llevó voluntariamente su maquinaria agrícola. Cuando las parcelas necesitaban siembra, arado de disco, cultivo o cosecha, él aparecía en su farmall o en su 61 pequeña maquina combinada sin que se le pidiera o se le pagara. Al hacerlo, facilitó todo lo que pronto se desarrollaría” (Vietmeyer, 2009, 87). 62 Yaqui, Nazas, Chapingo y Kentana 91

