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b). Los contactos sonorenses de Urrea
Un segundo grupo que tuvo gran importancia en las acciones de Urrea fue el conformado
por los sonorenses. Con ellos lo unía el paisanaje, es decir, el ser oriundo del mismo estado,
lo cual era considerado como un elemento que garantizaba que Urrea comprendía los
problemas de sus habitantes y que lucharía por su bienestar. Eso hizo que la sola presencia
de Urrea uniera a todos los vecinos principales e incluso a indígenas como los ópatas, en
apoyo a sus políticas, primero de promover representaciones a favor del autogobierno de
Sonora y luego de levantarse en armas exigiendo el retorno del federalismo. Como se verá
fueron escasas las personas que no apoyaron a Urrea.
Sin embargo, los sonorenses no eran un grupo homogéneo, sino un conglomerado
de subgrupos con afinidades políticas e intereses diversos. Urrea distinguió entre ellos a los
que consideraba de más confianza. Así lo indica que buscó que su tío materno Simón Elías
González, recién nombrado gobernador de Chihuahua, se uniera a las representaciones a
favor de restituir la constitución de 1824, pero este pariente influyente declinó su
invitación.
También recurrió a Ignacio Zúñiga, otro político con el que compartía vínculos
tradicionales, pues había sido amigo de la infancia e igual que él se había iniciado como
cadete en las tropas presidiales, siguiendo la profesión familiar. Además, que su padre -José
Zúñiga- había sido su padrino de bautizo y amigo cercano de Mariano Urrea, como lo
evidencia que estuvo en su representación en su boda con María Gertrudis Elías González.
Es decir, el acercamiento a Zúñiga, claramente estaba asociado a esa vieja relación, aunque
muchos años habían pasado sin que se alimentara. El acercamiento a Zúñiga, fue un acierto,
pues se convirtió en un fiel partidario, en las buenas y en las malas, pero es importante
advertir que más allá de los vínculos tradicionales hubo una afinidad política, es decir una
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