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decir, independientemente de la afiliación a tal o cual bando, los vecinos compartían una
noción de cultura política en la que reunirse era una forma de ejercer sus derechos como
pueblo soberano y, por ende, de expresar la opinión pública. De tal manera que las juntas
fueron la vía a través de la cual los pronunciados obtenían el respaldo del pueblo o de los
pueblos, lo que legitimaba su movimiento.
De este tipo de reuniones ha quedado en los archivos una amplia documentación
conformada por las actas de las reuniones, las cuales podían contener una narración de
hechos; exponer los motivos señalados durante el debate -en caso de haberlo- para secundar
o rechazar la propuesta política; los artículos que componían el plan; el tipo de personas
participantes, como podía ser el caso de los vecinos considerados ciudadanos, ya fueran de
las familias de origen español, mestizos, indígenas; también señalan cargos públicos,
rangos militares, oficios, número de asistentes y las firmas.
A continuación se inicia el análisis de tales reuniones reconstruyendo el ritmo y
dirección de las reuniones de adhesión; proponiendo una tipología de las reuniones
tomando en cuenta el tipo de actores que participaban; y, finalmente, planteando los
mecanismos utilizados en las reuniones para tomar las decisiones.
a). Ritmos de expansión y dirección de las reuniones de adhesión
Un primer momento de realización de reuniones se dio a partir del 16 septiembre de 1837,
cuando Ignacio Zúñiga organizó una en Arizpe (ver mapa 4) para elaborar una
representación a la presidencia de la república solicitando una ley de excepción para poder
administrar los recursos locales. Esta representación fue apoyada por José Manuel de
Estrella en Ures, donde se reunieron los vecinos el 10 de octubre.
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