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la importancia de esta práctica estriba en hacer posible que el exponente aportara datos e
interpretaciones de la acción por la cual era señalado, y con tales elementos el lector
reflexionara a favor del autor. Habitualmente, la vindicación era escrita tiempo después de
los acontecimientos en cuestión; la narración jerarquizaba eventos, incorporaba notas
aclaratorias y una explicación del motivo por el cual se tomó parte.
Específicamente, los autores dotaban de significado a las experiencias y con ello
buscaban obtener la anuencia de los implicados y extraños a los hechos, en pos de defender
el honor, recuperar algún derecho político, convocar a la acción, mantener el prestigio,
etcétera. Como se apuntó eran textos extensos que adquirían la forma de folletos o libros
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que incorporaban recursos estilísticos tendientes a dar fuerza racional a los argumentos,
como las citas de autoridad, el lenguaje objetivo, reproducción de documentos, etc.
Al triunfar la oposición de Manuel María Gándara a Urrea, varios de los
participantes derrotados escribieron textos buscando vindicarse ante la opinión pública, con
lo cual el debate entre urreistas y gandaristas adquirió importancia a través de estas
publicaciones (Ver cuadro 12). El primero que publicó fue José Francisco Velasco,
personaje de la elite hermosillense que, al igual que el resto de la elite sonorense, se adhirió
al pronunciamiento de Urrea, pero al ser derrotado por Gándara escribió una vindicación
denunciando a Urrea y favoreciendo al mencionado Gándara. Otros personajes como José
Manuel Estrella, Anselmo e Ignacio Zúñiga, huyeron del estado para evitar la represión
gandarista, y desde su exilio, pretendieron justificar su participación en el pronunciamiento
federalista de Arizpe y la guerra civil que desató. Durante la gubernatura de José Urrea en
Sonora, se inició una investigación a Manuel María Gándara por el gobierno nacional, lo
267 Según Aarón Grajeda, los orígenes de la vindicación datan de la Antigua Roma y este escrito pertenece al “[…] género
epiléptico o demostrativo […] para alabar o vituperar alguien o algo; Ante estos discursos el oyente no toma una decisión,
pero es el punto de destino elección de influencia del orador o propósito de las cualidades positivas o negativas de la
persona o de los hechos en los que se centra […]” (2008, pp. 31, 217, 331).
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