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representaron a la remota metrópoli, lo que consideraban les convendría para resolver las

                  necesidades particulares, ante el abandono del  que sentían ser víctimas por parte de las


                  autoridades del centro, que no les tomaban en cuenta, ante “la destrucción de todo el país

                  que amenazaba el furor de las tribus salvajes” (ibíd.).


                         Acusó a las autoridades del gobierno central de haber insultado y recriminado a los

                  sonorenses por manifestar sus penurias, refiriendo el caso concreto de las inserciones en el


                  Diario oficial, el cual describía como vocero de la “política mezquina del gabinete”, que se

                  erigía como enemigo: “nos consideró como unos estúpidos; y se gozó, por decirlo así, con

                  la descripción de nuestras desgracias”, tal circunstancia, evidenció que nada podrían


                  esperar, y por lo tanto, adoptarían las medidas necesaria para resolver sus problemas.

                         El general Urrea reconoció que exhortado por sus compatriotas y “por personas y


                  corporaciones de otros Estados de la República” se pronunció el 26 de diciembre para

                  liberar a la “presa de los partidarios de la retrogradación”; lanzando “la voz, que secundada


                  por la opinión, conmoverá como hasta en sus cimientos la gótica mansión de los Virreyes” -

                  haciendo referencia a la fortaleza de las instituciones coloniales, que también fueron


                  sustituidas por la lucha independentista para demostrar la fortaleza del movimiento que

                  encabezaba; añadía:


                         […] El entusiasmo de un pueblo que conoce sus derechos y que no quiere ni puede
                         consentir por más tiempo que se le usurpen, acogió mi decisión con inmenso placer;
                         y todo Sonora, sin que una sola gota de sangre enrojeciese su territorio, pasó en un
                         solo día de la esclavitud a la libertad; se re erigió en Estado soberano, de colonia
                         abyecta a que tácitamente se le había reducido (Ibíd.)

                         Asimismo, exhortó a los legisladores procurar “la felicidad del Pueblo Sonorense”,

                  asegurándoles que junto a la Alta California, Durango y Sinaloa, constituían el régimen


                  federal. Advirtiendo de igual modo, que si  el gobierno central pretendía recuperar el

                  territorio, “es seguro que sus esfuerzos serán inútiles y que recibirán la severa lección de


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