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que los habitantes de la República no doblegan ya su cuello sino ante las leyes, y el poder

                  mágico y saludable de la filosofía” (ibíd.). Para concluir, admitía no tener el conocimiento


                  exacto del estado de la administración pública por su corta estancia en Sonora, pero estaba

                  convencido de que era necesaria una serie de reformas para obtener la “regeneración


                  política” (ibíd.).

                         El discurso difundido en las proclamas se fue adoptando por diversas personalidades


                  sonorenses, por ejemplo cuando el 5 de  enero de 1838, al tomar Manuel Gándara la

                  gubernatura que los pueblos le confirieron a través del voto, señaló que la prioridad de su

                  administración sería combatir al “enemigo común” bajo el amparo del régimen federal:


                         […] reside en los corazones de los mexicanos que vivimos, persuadidos de que sin
                         él no podemos constar el néctar más dulce para él alma racional […] Los pueblos
                         del estado bendecirán siempre  los servicios que al bienestar de los mismos han
                         consagrado y consagran sus hijos en la  actual era feliz de nuestra regeneración
                         política […] 261

                         El 15 de marzo de 1838 los diputados secretarios José Justo Milla e Ignacio Zúñiga,


                  enviaron un informe al presidente Anastasio Bustamante, mismo que apareció publicado en

                  El Cosmopolita, en el que le comunicaban haberse instalado el congreso en Sonora y, para


                  dotar de legitimidad el acto, asentaban que los estados soberanos en confederación

                  constituían a la nación, por lo tanto, en caso de “rescisión o disolución”, éstos reasumían su


                  autonomía. 262  El día 23, emitieron un decreto de tres artículos, el primero declaraba que

                  Sonora "nunca renunció ni pensó renunciar" a la soberanía que le otorgaba la constitución


                  federal de 1824; el segundo acusaba que como fue "sometido por la fuerza" al régimen

                  central que implantó "un congreso incompetente para tal acto, y sin voluntad expresa y libre


                  de la mayoría de la nación"; en el tercero, exponían su derecho a regirse por el "gobierno


                  261   Discurso pronunciado por el excelentísimo señor gobernador Manuel María  Gándara después de haber prestado
                  juramento constitucional; en DHS, Serie I, t.II (1835-1841), pág.298.
                  262  “Arizpe, 15 de marzo de 1838”, en CS, t.III, núm.39. Sábado 21 de abril de 1838.

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