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quien esperaba obtuviera beneficios para su tierra natal, pues por su posición en el gabinete

                  de la república estaba destinado a “poder cien veces más que yo”, ya que los padecimientos


                  de Sonora, cómo el conflicto apache, y la pobreza comercial, eran minimizados por quienes

                  especulaban poseía el territorio una “notable riqueza metálica”. En cambio, Urrea:


                         […] sugería aplicar a su país, mediante el impulso de la riqueza rural y agricultura se
                         arrojaba a meditar colonizadores, canales, privilegios al comercio de cambio y a la
                         pronta colonización del norte de Sonora, con la mira de transformar esa parte tan
                         insignificante en el punto más rico y privilegiado del continente […] (ibíd.).

                         A la par del enaltecimiento de Urrea como sonorense, Zúñiga insiste en criticar a los


                  foráneos enviados por el gobierno nacional, que buscaban solo el enriquecimiento, lo que

                  caracterizaba a los “generales mexicanos”; reiterando que el plan de Urrea era solamente


                  destinar las rentas para emprender la campaña contra los barbaros, hacer caso omiso a las

                  disposiciones del gobierno general “que tuvieran por objeto distraerlas fuera del Estado”, y


                  deponer a empleados perjudiciales. La animadversión hacia los foráneos, la manifiesta

                  incluso contra los federalistas que acompañaban a Urrea, provenientes de la capital, a


                  quienes acusa de haber combatido sus planes originales. Haciendo que la “opinión” de

                  Urrea fuera extraviada, pues lo persuadieron de pronunciarse por el federalismo nacional,

                  aprovechándose de su interés por prodigar la libertad a su tierra natal y a su patria. Que una


                  vez pronunciado, egoístamente lo abandonaron cuando las acciones pusieron en peligro sus

                  empleos y se erigieron como los principales calumniadores de los sonorenses (Zúñiga 1839,


                  359-363).

                         Asimismo, asegura que Urrea no instigó a los sonorenses a pronunciarse, pues antes


                  de su llegada se gestaban planes independientes en Arizpe, Álamos, Guaymas y Hermosillo

                  para exigir la autonomía administrativa, de tal manera que el movimiento era inevitable:






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