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[…] la unión de México y Sonora […] para el primero ha valido caudales y empleos
para sus favoritos; mientras que para la segunda, sólo ha aportado contribuciones
mal calculadas y onerosas, empleados desvergonzados y ladrones, y una sucesión
notable de males y calamidades públicas no era necesaria mi misión para consultar
los reclamos de que todos sentían y palpaban imperiosamente. […] (ibíd. 364-365).
Defiende a sus paisanos de que se les acusó de ser ingratos y haberlo abandonado
las tropas, señala que esta acusación es propagada por “superficiales amigos” de Urrea, que
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desgraciadamente lo acompañaron a Sonora. A diferencia de José Manuel Estrella, que
introduce el tema de la alianza de Manuel Gándara con los indígenas, lo cual generó la
“guerra de castas”, Zúñiga, no pretende debatir con Gándara ni hace alusión a su alianza
con los indígenas, a quienes describe como “pobres y candorosos”, cuya opinión fue
extraviada.
4. Crónica y vindicación del conflicto sonorense, 1842
Aunque estos documentos ya no forman parte del debate en torno a los pronunciamientos,
en estos se da continuidad a algunos de los temas que surgieron en torno a esa discusión, se
sigue evaluando el pronunciamiento del 38 tanto por Urrea como por Gándara, y se insiste
en el tema de los indígenas, por esta razón se consideró necesario incluirlo.
A partir de 1842, cuando José Urrea fue designado gobernador y comandante de
Sonora, inició la segunda etapa de conflicto con Manuel Gándara, la cual arrojó numerosas
pérdidas materiales y muertes. Durante tres años, la denominada “guerra de castas” que
ocasionó la alianza entre Gándara y los Yaquis y mayos, será tema trascendental del debate
275 Concretamente, acusó a los subalternos de emprender acciones que ocasionaron el descontento entre los sonorenses,
señala el caso del primer ayudante, Mariano Garfias, a quién Urrea puso al frente de un batallón de Ópatas, que por
desconocimiento de las costumbres de los indígenas a su cargo, pretendió imponer la autoridad antes que la persuasión, al
tratar de “quitarles el pelo”, hecho que fue aprovechado por Gándara para seducirlos y convencerlos de desertar; así como
la insubordinación de sargento Moreno de Tucson; y la deslealtad del teniente coronel Ángel Miramón “el más injusto
calumniador” que cuando se le ordenó marchar de Álamos hacia Culiacán, decidió que su tropa de cuatrocientos hombres
se dispersara porque la causa estaba perdida (ibíd. 366-368).
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