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mayo de 1868. De manera similar en Culiacán aparecen los primeros difuntos en agosto de

                  1867. Finalmente, en Hermosillo, Sonora, aparece el primer difunto en enero de 1869 y desde


                  ahí se expande al resto del estado. De tal manera que se puede concluir que el virus llegó a

                  Sonora, ya fuera por los caminos de herradura que comunicaban con Chihuahua o por mar,


                  al puerto de Guaymas, desde algún lugar de la costa del Pacífico.

                         Cuando se estudian las epidemias aisladas pueden parecer producto de brotes locales,


                  pero cuando se tiene un panorama más general, resulta que en realidad forman parte de una

                  expansión del contagio iniciado en algún lugar, pues muestran una secuencia de avance,

                  aunque sea a un ritmo lento. Así lo parecen indicar los datos presentados de los brotes de


                  viruela entre enero de 1865 en Guadalajara y enero de 1869 en Hermosillo, pues la viruela

                  tardó cuatro años en recorrer la ruta; lo cual expresa un retardo en el contagio que no se daba


                  en  las  últimas  epidemias  de  viruela  del  siglo  XVIII.  ¿Cuáles  fueron  las  razones  de  tal

                  situación? Una hipótesis a corroborar es que las políticas gubernamentales de promover la


                  vacunación  cuando se sabía de un brote, retardaban las defunciones por la viruela, pues

                  muchos de los vacunados se salvarían.




                  4.2. Expansión de la epidemia en Sonora


                  A continuación, se propone una posible ruta de contagio de la viruela de 1869-1870 al interior

                  del estado de Sonora, a partir del dato del primer registro de muerte por esta enfermedad.

                  Sabemos que seguramente se sintió su presencia desde antes de que se registrara un difunto,


                  pero no tenemos información sistemática sobre los primeros enfermos, de tal manera que el

                  dato  del  primer  difunto  puede  servir  de  referente  para  tener  una  idea  de  cómo  se  fue


                  propagando la epidemia (véase figura 49).




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